El 23 de enero de 2025, Jennifer Damaris Rozas Rivera falleció en el Hospital Biprovincial de Quillota Petorca. Su familia y cercanos denuncian que su muerte fue consecuencia de negligencias en el diagnóstico, el tratamiento y el trato recibido durante su atención en el sistema público de salud. Desde entonces, y durante el último año y medio, han alzado la voz para exigir verdad, justicia y el esclarecimiento de los hechos.
La familia, que demandó al Hospital Biprovincial de Quillota Petorca y al Servicio de Salud Viña del Mar – Quillota, declara que “a 17 meses meses de su partida seguimos esperando respuestas, seguimos de pie exigiendo verdad y justicia; porque su muerte no fue un accidente, fue el resultado de un modelo que olvida la dignidad humana y que permite que las negligencias se repitan una y otra vez, en distintos territorios, en distintos hospitales, con distintos nombres, pero con las mismas heridas. No dejaremos que la historia de Jennifer quede oculta entre papeles y excusas: su nombre será bandera, su causa será camino y su memoria será motor para transformar este dolor en lucha”.
Jennifer Damaris Rozas Rivera tenía 31 años, fue trabajadora social, dirigenta, guardadora de semillas, ecologista y activista incansable. Desde su infancia abrazó las causas de los pueblos, la defensa de la tierra y la vida, la lucha por una salud pública digna y la reivindicación de la diversidad y la justicia social. De acuerdo a su familia, “su vida fue una siembra de amor, compromiso y conciencia. Estudió Trabajo Social para acompañar a quienes más lo necesitaban, para ofrecer su mano, su palabra, su ternura y su fuerza. Fue newen y dulzura, raíz y viento. Cumplió funciones en el Hospital de Petorca y, desde ese lugar, entregó su tiempo, su energía y su corazón al servicio público, creyendo en un sistema de salud que debía cuidar y no dañar”.
Como Corporación Encuentro Permanente de Mujeres por la Salud (EPMUSA) lamentamos profundamente el fallecimiento de Jenny, creemos que ninguna persona merece morir sin recibir una atención adecuada y menos que al día de hoy su familia no cuente con la claridad de las circunstancias de su muerte. La violencia de género también ocurre en los espacios sanitarios. No tener una atención oportuna obedece muchas veces a sesgos de género, porque las mujeres no somos oídas por prejuicios y valores de parte del cuerpo médico. Por eso, nos sumamos como Corporación al llamado que hace la familia para encontrar justicia y verdad.
Su familia le pide apoyo a la comunidad “difundiendo, acompañando, participando de nuestras actividades solidarias y, si pueden, aportando económicamente para sostener los costos legales de esta demanda. Cada gesto cuenta, cada palabra, cada acción es una semilla de justicia. Porque no queremos más muertes inhumanas, porque la salud digna no puede ser un privilegio. La vida de Jennifer Damaris Rozas Rivera, Kuntur Runa, no quedará en el olvido, su partida no fue en vano, su vuelo nos guía, su lucha sigue con nosotros”.
